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Alfredo Felipe Fuentes

Nacio el día 26 de mayo de 1949. Hijo de Mauro y Caridad.Natural de Artemisa, provincia Habana.

Es Delegado del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC) en la provincia de La Habana y miembro del Comité Ciudadano Gestor del Proyecto Varela en Artemisa, La Habana.

Está casado con la Sra. Loyda Valdés González. Condenado a 26 años de cárcel que cumple en la prisión de Guamajal (Dest. 8) en la provincia de Villa Clara, a 410 kilómetros de su familia que reside en Calle 35 #4007 e/ 40 y 42, Artemisa, La Habana.

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ARTICULOS:

Realiza UJDC nuevas donaciones humanitarias
Historia de amor con caballero y dama
Un árbol de Navidad por la esperanza
El tiro le salió por la culata
Envían a la prisión de Guamajal a sindicalista independiente
Cambia la ubicación prisionero de Conciencia

Causa #6 : Documento de Sentencia

Realiza UJDC nuevas donaciones humanitarias
Por Roberto Santana Rodríguez

16 de diciembre de 2005

La Habana – www.PayoLibre.com – La Unión de Jóvenes Democráticos de Cuba (UJDC) con sede en Candelaria, Pinar del Río realizó el pasado 13 de diciembre dos donaciones humanitarias a uno de sus miembros llamado Alberto Alemán Sánchez que se encuentra inválido luego de un accidente automovilístico y al preso político de los 75 Alfredo Felipe Fuentes.

La ayuda a Alemán, que se mostró agradecido, consistente en dinero, alimentos y aseo personal se efectuó en su domicilio, sito en calle 33 # 3206 del mencionado municipio pinareño de Candelaria, contando con la presencia de varios miembros de la UJDC encabezados por Alberto Hernández y Manuel González, presidente y vicepresidente de la organización por ese orden.

Posteriormente la directiva juvenil se trasladó al cercano municipio habanero de Artemisa para junto a miembros de la delegación de la localidad entregar 500 pesos a la familia del preso político de los 75 y sindicalista independiente Alfredo Felipe Fuentes, condenado en 2003 a 26 años de cárcel, en su casa de calle 35 # 4007.

“Este es un gesto lindo y admirable por parte de ustedes que recibimos con profundo agradecimiento”, dijo Alfredo Felipe (hijo) al recibir la contribución. Así mismo Loida Valdés, esposa del reo de conciencia también agradeció el gesto de los jóvenes opositores vía telefónica.

Estas dos ayudas humanitarias se unen a la que recientemente realizara la UJDC a la familia del preso político, periodista y sindicalista independiente, también de los 75, Víctor Rolando Arroyo Carmona. En este sentido Alberto Hernández dijo que continuarían realizando estos esfuerzos para ayudar a quien lo necesite tanto opositores como presos políticos.

Historia de amor con caballero y dama
Miguel Saludes

LA HABANA, Cuba 24 de agosto de 2005 (www.cubanet.org) - Cuando a Loyda le visitaron para entregarle los bombillos ahorradores que se están repartiendo a la población cubana, respondió que a su casa le faltaba la luz más importante, refiriéndose a su esposo Alfredo Felipe, condenado a 26 años de prisión durante los procesos de abril de 2003.

Desde aquella jornada su alma pena por el alejamiento forzado e injusto de un amor que tres décadas de unión matrimonial no han logrado debilitar. Pero más allá de las razones políticas esgrimidas para materializar esta separación, incluso de la situación en que se encuentra el prisionero de conciencia, éste es un acercamiento a una pareja de enamorados que ante las adversidades se ha crecido poniendo más amor en su camino.

Escuchar hablar a estos cónyuges del cariño que se tienen es la mejor prueba del sentimiento mutuo que les une. Dicen que la época presente no es propicia para los afectos sinceros, y para confirmarlo se acude a la sentencia de un canto popular que tuvo mucho éxito en Cuba hace pocos años sobre el hecho de que entre nosotros se perdió el querer. Sin embargo, historias como la de Loyda y Alfredo desmienten ese criterio.

Se conocieron en la etapa en que eran estudiantes de la secundaria básica Eduardo Egea, en su natal Artemisa. Loyda rememora aquel primer encuentro en la etapa de escuela al campo, donde un gesto de Alfredo que ella califica de machista provocó el encontronazo entre ambos. Él había dejado la bandeja sucia con cierto aire de superioridad por su mayoría en edad y grado que cursaba. El gesto provocó la llamada de atención de la entonces jefa de la brigada de cocina. Este detalle permaneció en la mente de ambos en otra estancia de trabajo en el campo donde se hicieron novios.

Esto ocurrió en un sitio nombrado Los Pinos de Portugués cuando Alfredo, ya en el servicio militar, aprovechaba sus pases para merodear por el campamento de estudiantes. En una de sus visitas le anunció sin muchas ceremonias que vendría de nuevo para verla especialmente a ella. Aquel día nació un romance que ya cumplió 34 años.

Después comenzaron las visitas a la casa, una formalidad que estaba aún vigente entre las familias cubanas.

Una de las primeras características que Loyda apreció en Alfredo era su constancia y diligencia. No se amilanaba por nada ni se dejaba impresionar con facilidad, ni siquiera ante la seriedad con que lo recibieron los padres de la novia. Formalmente les dio su palabra de cumplir a cabalidad el compromiso contraído entonces. Muy pronto Loyda comprendió que aquellas relaciones serían difíciles de conciliar, pues el joven demostraba cierto talante contestatario, gustaba leer de forma independiente temas y libros que para ella eran todo un descubrimiento.

Esta situación creaba tensiones en la relación. Un día sus padres notaron algo extravagante en el vestuario del visitante. Dos cruces negras resaltaban en ambos extremos del cuello de la camisa. Pero lo peor vino cuando vieron otra de gran tamaño que cubría toda la espalda de la prenda de vestir. Cuando incitada por los mayores fue a pedir una explicación sobre esta extraña ornamentación la respuesta que recibió fue tajante. Además de no dar ninguna razón, Alfredo hizo entender que existía una frontera que no debía ser rebasada. O lo aceptaba como era o no podrían seguir el noviazgo.

Loyda lo entendió y optó por el amor. Así se casaron un 4 de diciembre, ella con 17 años y él con 22.

Después de nacido el primer hijo, que lleva el nombre de Alfredo como su padre, deciden reanudar los estudios. Entonces él trabajaba como administrativo de una empresa constructora. Al principio Loyda le repasa las asignaturas que tenía mucho más frescas en la memoria, pero después fue Alfredo quien se convirtió en su profesor de cálculo, derivadas e integrales. Las pruebas de ingreso y los cursos de superación les llevaron a las puertas de la Universidad, donde matriculan Economía, en horario especial para trabajadores.

Estudiaban y trabajaban al mismo tiempo. Fueron tiempos de muchos desvelos, pues tenían que aprovechar el sueño de su niño duplicando de esta manera las horas que se hacían escasas y limitadas. En 1980 se graduaron y junto con el título les nace su niña Dayneris.

Si alguna vez Loyda sintió celos fue por la atracción que el ajedrez ejercía sobre su esposo. Ella no gustaba ni comprendía aquel difícil juego, pero por no dejar de compartir tiempo con su pareja fue venciendo la adversión hacia el deporte de los trebejos para adentrarse en sus complejidades. Mientras le acompañaba tomaba las notas de cada movida en los eventos donde él participaba.

El primer choque social se produce cuando una plaza en el Mariel le es denegada a Alfredo a pesar de su expediente y resultados académicos. La falta de integración política y la actitud mantenida en el plantel universitario dejaron pesadas huellas en la evaluación ideológica del educando. En San Cristóbal ambos consiguen ubicación en la Empresa de Alimentación, él como jefe económico y ella de contadora auxiliar.

Alfredo demostró una capacidad e interés poco frecuente en el desempeño de aquella responsabilidad. Luchaba los recursos del estado como si estos fueran propios. Loyda manifiesta que si todos los que dicen ser revolucionarios hubieran hecho igual quizás las cosas fueran diferentes. Sentados uno frente al otro en el departamento de Estadística municipal hacían un equipo tremendo donde no quedaba espacio para el aburrimiento o el tedio que suele producir el contacto diario entre un matrimonio.

El carácter ahorrativo -quizás pocos ahorren tanto como él la electricidad y otros recursos no renovables- y la seriedad de su trabajo daban motivo a la confianza depositada por sus superiores. Los informes que enviaba con datos importantes ni siquiera eran verificados por los tecnócratas que venían a buscarlos para llevarlos a otros niveles. Todo lo pedía y daba por escrito, costumbre que le permitió conservar un gran archivo que demuestra su eficiencia. Esta manera precisa de ejercer su labor le ganó el apodo de "rosca fina". Ella sonríe al rememorar este detalle.

Luego su rostro retorna a la gravedad cuando recuerda cómo al solicitar el lugar vacante en el banco de su pueblo, no se le concedió. Al parecer le seguía faltando lealtad política hacia el sistema y el resultado de que la evaluación técnica de Alfredo Felipe estaba lastrada con recomendaciones de tipo ideológico le vetaba la calificación de excepcionalmente positivo que le correspondía y con ellas la posibilidad de trabajar en ese puesto. Un nuevo motivo de decepción.

Otro rasgo que distingue a este hombre sencillo son sus valores humanos. Recuerda que le compró una jaba de naranjas a una anciana que trataba penosamente de vender su carga, sin pensar que tenían el viandero lleno de estas frutas. Por cosas como ésta supo ganarse el respeto de los revolucionarios de su pueblo, muchos de los cuales hoy se preocupan constantemente por su situación.

En pleno período especial, cuando la economía domestica se tornó compleja, empezó a llevar frutos del campo hacia La Habana y desde la ciudad artículos industriales deficitarios en su localidad haciendo funciones de un verdadero mercader. Confeccionaba plantas de soldar y hasta buscaba obtener con su inventiva algún premio en la Asociación de Racionalizadores. Se dedicó a pulir pisos y a vestir de granito las cocinas y baños. Por eso se ofende al escuchar la acusación absurda de mercenario hecha a un hombre que sudó tanto la camisa para mantener la familia. El día antes de ser detenido había traído de la capital varios peines y tomacorrientes comprados en las tiendas de venta minorista de moneda nacional.

Entró a formar parte de la oposición en Armonía, con Indamiro Restano, y posteriormente, durante la campaña cívica por el Proyecto Varela, dedicó mucho de su talento, esfuerzo y sacrificios en la divulgación y colecta de firmas en la región de Artemisa y en sus aledaños, actividad en la que una vez más contó con el acompañamiento de Loyda, quien en este caso fungió casi como su secretaria.

Ahora desde la prisión esta historia de amor sigue llenando páginas hermosas. La preocupación se pone de manifiesto y el temor del esposo por su compañera que vive estos momentos duros hizo brotar en ella la poesía.

No te preocupes por mí
conozco la fortaleza
casi al borde de la infancia
me atravesé en tu trillo
haciendo que me miraras
aunque parecía un grillo.

No sé porque me viene la imagen de aquellas historias de caballería en las que el guerrero se disponía a enfrentar todos los peligros para rescatar a la amada. En ésta los términos se han invertido. Revestida de una coraza de sentimientos y con la espada de su palabra, esta mujer se echó al ruedo para romper cuantas lanzas sean precisas por sacar del encierro a su caballero cautivo. La fuerza del amor le da la confianza suficiente para saber que más temprano que tarde tendrá a su lado al novio de toda la vida para seguir compartiendo juntos muchos años de felicidad.

Un árbol de Navidad por la esperanza
Ana Leonor Díaz, Grupo Decoro

LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - Es una mujer sencilla, de una modestia admirable; y no pretende que la consideren poetisa, pues "las ideas rimadas" venían espontáneas a su mente cuando repasaba los momentos de marzo y abril de 2003, cuando su esposo de toda la vida, de 53 años, fue condenado a una virtual cadena perpetua de 26 años de prisión por su condición de disidente del régimen.

Se trata de Loyda Valdés, una artemiseña que dijo que su mundo se vino abajo tras la ola represiva en que 75 disidentes y periodistas independientes fueron arrestados y sometidos a juicios sumarios por su oposición pacífica al régimen.

Su esposo, el economista Alfredo Felipe Fuentes, era director de la Agencia de Prensa de Occidente, miembro del Consejo Unitario de Trabajadores de Cuba (CUTC) y director de la biblioteca independiente "Emilio Masperó", "delitos" por los que fue condenado a 26 años de prisión.

En las frecuentes reuniones de las Damas de Blanco, como se conoce al grupo de esposas y madres de los 75 presos de conciencia, Loyda ha narrado, en forma versada, cómo su estabilidad familiar fue interrumpida y cambiada de pronto por el encarcelamiento de su esposo y el trauma que para ella y sus dos hijos ha ocasionado el hecho, agravado por el largo vía crucis que debe recorrer para visitarlo, ahora cada tres meses, hasta la prisión de Guamajal, en la provincia Villa Clara, distante 300 kilómetros de su vivienda en Artemisa.

Durante más de un año traté de persuadir a Loyda para que diera a conocer sus "pensamientos en verso", y si ahora accede es porque, luego de la esperanza que levantaron en los familiares de los 75 las recientes excarcelaciones de 14 de ellos, todos enfermos, ha visto con tristeza que su esposo, traído en las últimas semanas a chequeo médico junto a sus hermanos de infortunio, fue devuelto a la prisión villaclareña sin más explicación.

Ella y su familia, junto a otras 61 mujeres, deberá pasar con tristeza y soledad por segundo año consecutivo las próximas fiestas de Navidad. De esas reflexiones salió lo siguiente:

El arbolito de Navidad

Ha llegado otro diciembre,
Dios nos llama a celebrar,
enciendan el arbolito porque llegó Navidad.

Humo y olores se esparcen. ¡Vamos todos a cenar!
Sacad sus mejores galas el día de Navidad,
y démonos un gran beso que cierre otro año más,
que abra el venidero con mucha prosperidad.

Preparen sus cartas, niños,
los Reyes Magos vendrán
y traerán muchos regalos que harán su curiosidad.

Celebre todo el que pueda; yo no puedo acompañar,
me han quitado este diciembre mi árbol de Navidad,
el humo de Nochebuena, mi traje de festividad,
el beso de fin de año, mi vestido de comenzar,
El rey mago de mis sueños, mi gran felicidad.

Ahora ven por qué no puedo,
no puedo yo festejar,
porque me han encarcelado
mi árbol de Navidad.


El tiro le salió por la culata
Emilio Rodríguez. Cubanacán Press

SANTA CLARA, junio 22 (www.cubanet.org) - Mucho se ha especulado sobre el objetivo real perseguido por el gobierno cubano al desatar la ola represiva de marzo de 2003, en la que 75 periodistas independientes y disidentes de la mayor de las Antillas fueron condenados a penas de entre 6 y 28 años de cárcel.

Para algunos, se trataba de un ardid destinado a lograr a corto o mediano plazo un canje por los cinco espías cubanos condenados por una corte de los Estados Unidos. Para otros, el motivo era la pujanza que venía tomando la oposición interna, y la necesidad de neutralizarla en aras de que no peligrara la existencia del régimen. Lo cierto es que, por una razón u otra, lo que le falló al gobierno fue el resultado de su maniobra.

A simple vista la cuenta se redondea fácil: 75 disidentes encarcelados es igual a 75 familias que se suman al descontento hacia el sistema, para ser conservador y no decir que son 75 familias que se suman a la oposición.

Pero existe otro cálculo que falló a la hora de arremeter en esa magnitud contra simples y pacíficos opositores, y es el de la unidad y la fraternidad que generó aquel disparate, porque nadie es ajeno a las múltiples diferencias que existían hasta entonces entre las diferentes tendencias y facciones de la disidencia interna, muchas veces trasladadas al exilio o a la inversa.

A partir de ese día se comenzó a experimentar un sentimiento de unidad nunca antes visto. A lo largo y ancho de la Isla las diferentes organizaciones opositoras comenzaron a preparar condiciones para recibir a los familiares de los disidentes encarcelados que habían sido desterrados a cientos de kilómetros de sus hogares, sin importar qué línea o tendencia política defendieran.

En la ciudad de Santa Clara, el Movimiento Cívico Nacionalista Cubano, con la colaboración oportuna del Presidio Político Histórico Cubano (Casa del Preso) primero, y de la organización Plantados hasta la Libertad y la Democracia en Cuba después, emprendieron la ingente labor de brindar hogar y afecto a las angustiadas familias.

Recuerdo que el primero de los "75" en tener acceso a la conocida visita de aseo, reglamentada en las prisiones cubanas para aquéllos que ingresan a un centro penitenciario, fue Héctor Maseda Gutiérrez, el día 9 de abril de 2003. Para esa fecha, la dirección nacional del Movimiento Cívico Nacionalista Cubano había hecho las coordinaciones necesarias con la esposa del reo de conciencia, Laura Pollán Toledo, quien resultó ser el primer huésped de lo que se denomina "Programa de atención a familiares de presos políticos".

Pero también recuerdo un caso doloroso que, por desconocimiento, o por aquello de no "molestar", no se acogió a la ayuda que el proyecto ofrecía; me refiero a los familiares del prisionero de conciencia Alfredo Felipe Fuentes, y traigo a colación el caso, porque en él se ejemplifican la unidad y la fraternidad que provocó el dislate del régimen.

La dirección del proyecto tuvo conocimiento de que Loida Valdés, esposa de Felipe Fuentes, y su cuñado pernoctaban en la terminal de ómnibus de Santa Clara. Ahí esperaban el amanecer para asistir a la visita del reo de conciencia, confinado desde su llegada a la provincia de Villa Clara en la prisión de Guamajal.

Los alimentos destinados al disidente encarcelado venían elaborados desde Artemisa, en la provincia Habana, a más de 300 kilómetros de Santa Clara. Nunca lo dijo, quizás por esa humildad que la caracteriza, pero es lógico que muchos de esos alimentos llegaran en mal estado. Por otra parte, Loida padece de epilepsia, que la obliga a mantenerse siempre acompañada por su cuñado.

Conocido el caso y logrado el contacto, Loida fue esperada por miembros del Movimiento Cívico Nacionalista Cubano en la estación de ómnibus en septiembre de 2003, y alojada en el domicilio de Celestino Hernández Gutiérrez quien, desde entonces, es su anfitrión.

Muchas han sido las experiencias vividas por quienes intervienen en el proyecto. El primer encuentro con cada familiar -y lo sé porque he sido parte de ello- fue muy emocionante. Tanto Laura Pollán como Beatriz del Carmen Pedroso o la propia Loida Valdés, incluso Yolanda Vera, la esposa del también prisionero de conciencia Pedro Argüelles Morán, que ya no está en Santa Clara, pero también recibió esa atención, recordarán el primer arribo a la estación de ferrocarriles de Santa Clara, donde un pequeño grupo de personas a las que jamás habían visto, las esperaban sosteniendo en alto un letrero con el nombre de cada una de ellas, para que pudiesen identificarse.

Pero también se han vivido momentos aciagos, en los que las autoridades decidieron suspender la visita por cualquier motivo, o en los que fue expulsado del salón de espera de la prisión alguno de los miembros del proyecto que las ha acompañado en cada visita para ayudar con los paquetes. No obstante, todo ello es recompensado con la atención que reciben. Ninguno de nosotros olvidará a "Nenito", un hombre que hace muchos años dejó de ser joven, corriendo en bicicleta bajo un torrencial aguacero para que Julio César Gálvez pudiese tener el pomo de refresco que con el apuro y las preocupaciones Beatriz del Carmen había dejado sin darse cuenta en el refrigerador.

Y es eso precisamente lo que ha logrado el régimen con su obstinado proceder: una hermandad sin límites, en la que todos se han ido convirtiendo en una gran familia. Nadie sabe cuánto tiempo durará el martirio de los presos políticos en las cárceles cubanas, pero lo que sí es un hecho es que la unidad, la hermandad y la fraternidad entre aquéllos que comparten el mismo dolor serán por siempre. Después de todo, y a pesar de sus maquinaciones, al régimen el tiro le salió por la culata.

Envían a la prisión de Guamajal a sindicalista independiente

NUEVA GERONA, marzo (Carlos Serpa Maceira, UPECI / www.cubanet.org) - El sindicalista independiente y prisionero de conciencia Alfredo Felipe Fuentes, hospitalizado en la sala de penados del hospital Celestino Hernández Robau, en la ciudad de Santa Clara, región central de Cuba, ha sido trasladado para un destacamento de la prisión Guajamal, en la periferia de la ciudad.

Fuentes tuvo que ser hospitalizado cuando se le diagnosticó pulmonía, según comunicó Tomás González Coya, presidente del opositor Movimiento Cívico Nacionalista Cubano.

Alfredo Felipe Fuentes, miembro del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC), integraba, además, el Comité Gestor del Proyecto Varela en el municipio habanero de Artemisa. Fue arrestado en marzo de 2003 durante la ola represiva contra la disidencia interna y sometido a juicio sumario en abril. Fuentes fue condenado a 26 años de privación de libertad.

La Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT), la Confederación Italiana del Trabajo (CIT) y la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) enviaron mensajes al gobernante cubano Fidel Castro pidiéndole la liberación inmediata de Fuentes y otros seis sindicalistas presos en Cuba.


Cambia la ubicación prisionero de Conciencia
2 de marzo de 2004
Servicio Radiofonico de Nueva Prensa Cubana

El prisionero de conciencia Alfredo Felipe Fuentes fue trasladado la pasada semana desde la sala de penado del hospital Celestino Hernández Robau, de Santa Clara, para un destacamento de la prisión Guamajal, ubicada en periferia de esa ciudad.

Alfredo Felipe Fuentes estuvo ingresado con neumonía, dijo a Cuba Press Tomas González-Coya presidente del Movimiento Cívico Nacionalista Cubano. "Es el primero de los 6 integrantes de la causa de los 75 que se encuentran en penitenciaria de Santa Clara que es trasladado para un destacamento", acotó la fuente.

Alfredo Felipe Fuentes quien integraba el comité Gestor del Proyecto Varela en Artemisa provincia Habana, fue condenado a 26 años de cárcel durante los procesos sumarios de abril de 2003.

Isabel Rey Rodríguez/CubaPress/NPC


PRESO POLÍTICO Y DE CONCIENCIA CUBANO

Nombre.- Alfredo Felipe Fuentes
Condena.- 26 años de privación de libertad en la ola represiva del 2003
Profesión.- Licenciado en Economía
Estado Civil.- casado
Características generales.- Honrado, Modesto, Afable, Respetuoso.


Organizaciones y Cargos en la Oposición Pacífica

- Presidente del Centro no gubernamental de Derechos Humanos y Cultura de Paz “José de la Luz y Caballero”.
- Director de la Agencia de Prensa en Artemisa
- Miembro del Comité Ciudadano Gestor del Proyecto Varela.
- Miembro del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos.
- Director de la Biblioteca Sindical Independiente “Emilio Maspero”
- Periodista Independiente, y miembro de la Sociedad de Periodistas de Cuba Manuel Márquez Sterling.

En 1985 la dirección del centro laboral donde trabajaba, lo despojó de la máxima evaluación técnica, por recomendaciones políticas, y lo impugnó ante varias instancias, no logrando su objetivo. La parcialización política aplastó su reclamo.

En 1991 inexplicablemente a pesar de su profesionalidad y honradez quedó desempleado. Le faltaba la principal exigencia, la lealtad política al régimen. Ya víctima de la privatización política del empleo, se vinculó a la oposición pacífica, como respuesta al atropello político.

YA EN LA OPOSICIÓN PACIFICA

El 13 de marzo de 1995 el directivo del Centro de Derechos Humanos y Cultura de Paz, “José de la Luz y Caballero” del cual formaba parte, presentó al Ministerio de Justicia de Cuba, la petición de registro oficial para la organización, pero pasaron siete años sin recibir respuesta.

En 1996, es interrumpida su tranquilidad hogareña, por una banda paramilitar con la intención de amenazarlo e intimidarlo. Es objeto del desamparo oficial, al no aceptar las autoridades su denuncia.

En 1997 la policía registra su casa y confisca artículos legalmente adquiridos, que utilizaba para ganarse la vida, lo arrestaron, a la vez que presionaban a su esposa para que lo convenciera de que abandonara la oposición.

El 10 de febrero de 2001, fecha en que asumió la presidencia de la organización, presentó quejas ante la Fiscalía Municipal por la violación del Ministerio de Justicia al no darle respuesta a su solicitud.

El 14 febrero de 2001 Recibió una comunicación de la instancia municipal donde comunicaron la queja de la instancia provincial, y que posteriormente se le daría curso en la Fiscalía General de la República.

El 15 de marzo de 2001 recibió acuso de recibo de la Fiscalía General donde le comunican que la tramitación estaría a cargo del Ministerio de Justicia, o sea de los violadores.

El 28 de marzo de 2001 se dirige nuevamente a la Fiscalía General con interrogantes obvias. Aún el Ministerio de Justicia no había respondido, la Fiscalía General no ha actuado y a la víctima de estos atropellos, los tribunales le potenciaron aún más su condición, condenándolo a 26 años de privación de libertad.

En el 2001, se arrecia la represión a causa de algo nuevo que atrajo la atención del cuerpo represivo, y que no fue otra cosa que el Proyecto Ciudadano Varela.

Aquí comenzaron los acosos de la policía política en la calle, las visitas intimidatorias en su vivienda. Se lo llevaban en autos policiales hasta las afueras del pueblo con el fin de amedrentarlo. Fue citado por la Fiscalía Municipal en presencia de la seguridad del estado pidiéndole que abandonara el Proyecto Varela, aunque contradictoriamente quedó establecida por esa instancia la legalidad del Proyecto.

La policía política suspendió el curso que impartía para la formación de Instructores Públicos de Derechos Humanos – Tema tabú en el sistema educacional cubano- Su vivienda ha sido objeto de constante vigilancia.

En este medio hostil, logró con los colectores a su mando, un reconocido trabajo en la recogida de firmas para el Proyecto Varela, pero la Seguridad del Estado, estaba dispuesta a detener el auge social de este proyecto, y aunque no fue objeto de interés en el juicio oral, ni agredido abiertamente en su sentencia, fue la causa principal de su encarcelamiento.

Si todo esto ocurrió cuando teóricamente tenía sus derechos, ahora que han sido formalmente retirados, es de imaginarse el recrudecimiento de los atropellos ha que es sometido.

Desde marzo del 2003, como su esposa comencé a agrupar esfuerzos para su liberación haciendo uso de la legalidad estatal. Acudí a personalidades y organismos gubernamentales cubanos. Logrando solamente respuestas esquivas, negativas y en el menor de los casos desatención, equivalentes al desamparo oficial.

Las autoridades cubanas dando un mal ejemplo de respeto a la Constitución han reprimido de manera violatoria mis esfuerzos. Por ello pido a personalidades, organismos internacionales y gobiernos respetuosos de la democracia, así como a personas de buena voluntad que intervengan en la situación de mi esposo.

Gracias.

Lic. Loyda Valdés González

Dirección particular.
Calle 35 No. 4007 entre 40 y 42
Artemisa, La Habana-Cuba
Teléfono (63) 36 36 22