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La República
Sección: Una isla perdida en el mar
Julio César Gálvez
“ Contra la lluvia la República ( … )
Contra la nada estará la República ( … )
Yo, que no se decirlo:
La República ”.
Eliseo Diego.
20 de mayo de 2012
España – www.PayoLibre.com
– El 20 de mayo de 1902 quedó constituida la República de
Cuba. Nacía para unirse al conjunto de naciones libres de América.
Era el país más joven de todo el continente. Atrás quedaban
años de intensa lucha por lograr la independencia de España, quien
había gobernado de manera autoritaria y sangrienta sobre ¡La siempre
fiel Isla de Cuba¡
Atrás quedaban también los cerca de cinco años
de intervención estadounidense, primero en la guerra de independencia
convirtiéndola en guerra hispano-cubano-americana, dando un vuelco total
a la lucha, en tan solo seis meses, con el triunfo de las armas mambisas, y
posteriormente en el titánico trabajo de ayudar en la restauración
de todo lo perdido durante la guerra, con la creación de escuelas en
todo el país, la implementación de un plan de saneamiento y limpieza
de pueblos y ciudades, el montaje de todo el sistema de salud pública
y la vacunación obligatoria contra diferentes epidemias y enfermedades,
la creación de las bibliotecas públicas en toda la nación
y el fomento de la lectura y la enseñanza, así como alentar el
cultivo de la tierra para producir alimentos, planes que se llevaron a cabo
en todo el país.
En la actualidad entre la población cubana, a voz populi,
en los centros escolares, y hasta en los libros de textos de todos los niveles
de enseñanza, se insiste en catalogar al nacimiento de la República
de Cuba como “la neocolonia” o “la seudorepública”
dirigida y gobernada desde Washington. Una mentira sin fundamento jurídico
alguno, toda vez que las constituciones cubanas de 1901, 1940 y de 1976, así
como todas las enmiendas y arreglos hechos a las mismas mantiene inalterable
la fecha de su nacimiento como república, su nombre y los símbolos
patrios que la identifican. En ninguna de ellas se alteró su nombre.
El nacimiento de la República de Cuba fue el resultado
del sueño y el pensamiento de muchos hombres y mujeres ilustres, que
partiendo de una modernidad cubana con sus paradigmas centrados en la idea de
progreso, racionalidad y, a la vez, en la irracionalidad, de la lógica
de los acontecimientos, fuera la creación de una nación sobre
la base de la formación del ciudadano a través de la conciencia
y de las suposiciones de credibilidad de los proyectos sociales asociados a
las diferentes alternativas económicas posibles. Todo ello tuvo un núcleo
unificador, la idea cubana, que surgida del sentir e interpretar una realidad,
elaborada en el siglo XIX desde Félix Varela a José Martí
–sin exclusión de nombres ni de debates--, permitiera crear conscientemente
la idea de la nación, tanto pensada como soñada, donde vivieran
libres y felices las futuras generaciones. “Con todos y para el bien de
todos”, como señalara el Apóstol.
Independientemente de las interpretaciones políticas
e ideológicas de turno, el nombre de la República de Cuba ha sido
siempre el del Estado cubano desde 1902 hasta la fecha, aunque lo quieran eliminar
u omitir en provecho propio.
Sobre la base de lo arriba señalado se pueden enmarcar,
desde el punto de vista histórico y sociológico, la existencia
de la Primera República entre 1902 y 1933; la Segunda República
entre 1933 y 1959, y la Tercera República, entre 1959 y el momento actual.
Los males de la Primera República nacieron antes que
ella. Fueron extremos y contradictorios. La Habana del siglo XX, majestuosa
y altiva, echaba a un lado a la Vieja Habana colonial, encerrada en sus oscuras
entrecalles y callejuelas, mientras el nuevo Malecón resolvía
el serio problema de insalubridad que tenía --¿es que algo ha
cambiado en más de cien años?– la ciudad, a la par que era
punto de encuentro y desencuentro de habitantes propios y paseantes de turno,
que admirados se retrataban ante el majestuoso Capitolio que mostraba orgulloso
una de las cúpulas más alta del mundo entero, exhibía la
renovación del corto y bello Paseo del Prado, con sus leones de bronce
rugientes, los bellos edificios del “muy ilustre” Centro Gallego
de La Habana en eterna porfía con su vecino de enfrente, el Centro Asturiano,
el Palacio Presidencial y un antiguo cuartel militar español convertido
en la Universidad de La Habana con su imponente escalinata de 87 escalones con
su Alma Mater, protectora de estudiantes izquierdistas, anarquistas y abecedarios,
más tarde convertidos en revolucionarios, políticos y empresarios
de éxito; las nuevas avenidas extendiéndose hasta el cruce entre
el Vedado y Miramar y el florecimiento de la pintura, la arquitectura; las letras
y el arte en general, lado del solar habanero, un heredero social y cultural
único, que provenía del barracón de muelle y ciudad, de
negros esclavos y esclavos libres, el de la ciudad que procreó la cultura
marginal, esa cultura contada y cantada en primicias en las páginas del
Diario de la Marina por Emilio Ballagas, Nicolás Guillén, Gastón
Baquero y muchos más.
La Segunda República se nutre del nuevo pensamiento
forjado con la Revolución Mejicana, la Revolución Rusa, la Primera
Guerra Mundial, el surgimiento del fascismo, el desarrollo de movimientos intelectuales,
científicos, sociales y políticos de tendencia izquierdista que
se debaten entre una Reforma Moderada, Reforma Revolucionaria o establecer una
Revolución.
Con la caída de la dictadura de Gerardo Machado y el
golpe militar del 4 de septiembre de 1933, en el que se unieron soldados y sargentos
contra la vieja oficialidad selectiva y aristocrática junto a los viejos
políticos de la antigua República, se abría el camino para
una restructuración general de todos los mandos de cualquier índole.
Ramón Grau San Martín, el hombre del lema de
“la cubanidad” y el símbolo del pollito meneado con su mano
derecha, se negó a jurar su cargo de presidente ante los integrantes
del Tribunal Supremo, diciendo que la Constitución de 1901 tenía
un apéndice ofensivo a la soberanía nacional.
En 1940 el exsargento ya general Fulgencio Batista Záldivar,
y presidente de Cuba por el voto popular aprobaba el segundo texto constitucional
que se diferenció del primero por la fuerte influencia socialista, populista
y de un liberalismo reformado. Previo a la nueva Carta Magna se había
suprimido la Enmienda Platt, se había efectuado un nuevo Tratado de Reciprocidad
Comercial y se habían introducido importantes reformas sociales, laborales
y económicas; entre ellas la jornada laboral de 8 horas y el voto femenino.
La discusión política se centró en proyectos de transformaciones
socioeconómicas; ampliación de los mercados hacia Europa y Asia;
la diversificación de la agricultura, aunque el azúcar seguía
siendo el principal rubro exportable; elevación del nivel educacional
de la población y mejoras en la asistencia de salud, pero existían
grandes lagunas en estos indicadores a lo largo y ancho del país. Nada
es perfecto en este mundo y la República era joven, apenas medio siglo.
Pero el estudio y análisis de las dos primeras Repúblicas
no puede estar ajeno, a lo que pretenden ignorar y hasta hacer desaparecer de
los libros de historia actuales, es que esta etapa fue sin duda alguna, la más
genuina creación cubana; la de una cultura, un pensamiento y una sensibilidad
cubana muy propia, nacida del dolor, la frustración, la lucha por una
Patria mejor y de la esperanza surgida de poder ver el camino hacia el progreso
y la democracia.
Debemos señalar que al inicio de la etapa de la Tercera
República –primero de enero de 1959–, Cuba descollaba como
uno de los países más desarrollados, no sólo en el continente
americano, sino de muchos de los actuales países desarrollados de Europa
y Asia. Baste señalar que el cubano no emigraba en busca de libertad
o mejoría económica a ninguna parte del mundo, al contrario, la
isla era el paraíso encantado con el que soñaban españoles,
italianos, alemanes, húngaros, turcos y de otras nacionalidades, eso
sin hablar de que la colonia china residente en Cuba era la mayor y más
poderosa económicamente de toda América, sólo superada
por la que habitaba en los Estados Unidos.
Mientras más agudos fueron los conflictos antes de 1959,
más se logró una reafirmación nacional de la expresión
de los valores, que la realidad política y social, hizo nacer en los
más variados hombres y mujeres de nuestro país. “Vergüenza
contra dinero”, el lema de Eduardo Chivás –el famoso “
aldabonazo ” que no pudo demostrar–, tocaría el corazón
de todos los cubanos, independientemente de ideologías, clases sociales
o razas.
Cuba constituía una sociedad pluralista, abierta, donde
todos eran hermanos sin discrepancia o diferencia política alguna. Contaba
con la opulencia de una minoría, residente de los exclusivos repartos
de Miramar o el Country Club; una pujante clase media en aumento constante,
formada por una masa heterogénea de funcionarios, obreros, intelectuales,
pequeños empresarios, profesionales diversos, comerciantes, médicos,
abogados, trabajadores de los servicios; que habitaban en Habana Vieja, Centro
Habana, El Cerro, La Víbora y El Vedado, todos mezclados como una gran
familia, que constituían el motor impulsor de la floreciente economía
del país, y otros en un nivel de pobreza bien pobre, como en cualquier
país del mundo en esa etapa o en la actualidad, fundamentalmente aparceros
y subarrendatarios agrícolas o braceros y trabajadores agrícolas
haitianos, jamaicanos y de otros países del área del Caribe, contratados
temporalmente como macheteros en épocas de zafra azucarera o recolectores
de café en las zonas montañosas de Oriente, los que se quedaban
en el país, huyendo del hambre y las dificultades que afrontaban en sus
respectivos países de origen.
La revolución verde oliva que asumió el poder
en enero de 1959 constituyó un hecho histórico. Los cantos de
sirena hicieron soñar a la mayoría del pueblo cubano con la grandiosidad
y lo sublime. De eso se encargó desde bien temprano el régimen
castrista para tener sumido en el engaño y la mentira a todos. La historia
de la República de Cuba durante su primer medio siglo es desconocida.
En la actualidad sólo se conoce el discurso oficial. Es lógico
pensar que algunos sólo cuenten su experiencia personal, desfigurada
por el tiempo. Otros la intentan fundamentar, muchos la tratan de olvidar, mientras
otros fabriquen entre turbios recuerdos, imágenes borrosas e intenciones
dudosas, un pasado que nunca existió.
La revolución cubana surgió de la traición,
las ansias de poder total de un grupo de hombres encabezados por Fidel Castro,
la falta de visión política –con la sola excepción
del representante a la Cámara Rafael Díaz Balart– y la debilidad
de los gobernantes al aprobar una amnistía en mayo de 1955 para liberar
a quienes de forma alevosa y cobarde, durante la madrugada y enmascarados con
los uniformes del Ejército Constitucional, asaltaron un cuartel, asesinando
y masacrando a muchos sorprendidos militares dormidos, lo que hizo posible que
hoy Cuba cuente con la dictadura más larga de toda historia.
Al rememorarse los ciento diez años de la República
de Cuba se hace imprescindible la reflexión necesaria e imparcial de
los hechos. Lo que más llama la atención es que los estudios realizados
sobre la historia de la cultura y la vida política y social cubanas desde
el 20 de mayo de 1902 hasta el presente, resultan incomparablemente inferiores
en número y calidad a los del siglo XIX. De seguro que muchos han trabajado
o trabajan en este tema crucial de la historia de nuestro país. Para
mí está muy claro. De pequeño lo aprendí en la escuela,
el 20 de mayo de 1902 se instituyó la República de Cuba, y yo
soy cubano de tradición y por convicción al ciento por ciento.
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