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Los que no pueden faltar: Nat King
Cole
Luis Cino Álvarez
12 de julio de 2012
La
Habana, Cuba – www.PayoLibre.com
– Amante del rock y los blues, ustedes saben, no soy muy dado a los cantantes
romanticones.
Me aburren, me dan sueño. Excepto tres por los que siento
especial predilección: Benny Moré cuando cantaba
los boleros como nadie más, el brasileño Roberto Carlos
-no se asombren, un día de estos les cuento por qué- y Nat
King Cole. Aunque, como el jazz me llena como ninguna otra
música, les confieso que prefiero al Nat Cole Trio que
al King Cole.
¿Para qué negarlo? Tanto como me resulta insoportablemente
ridículo cuando canta en español chapurreado y a ritmo de chachachá
desacompasado, aquello de "toma, Chocolate, paga lo que debes", me
mata –"killing me softly", diría mi adorada
Roberta Flack– con su voz aterciopelada que se te mete
hasta el último resquicio del cerebro y el corazón, como cuando
canta Angel eyes o The fallin leaves.
Pero
más que todo, amo las canciones de Nat King Cole porque
me recuerdan a mi padre. Era su cantante preferido. En mi casa estaba –desde
antes de nacer yo– el disco Unforgettable, de la marca Capitol,
que escuchaba una y otra vez. Creo que aquellas canciones –Red sails
in the sunset era su favorita– lo ayudaron a consolarse en aquel
tiempo duro en que enviudó de mi madre –que murió con menos
de 30 años– y se vio obligado a vérselas con tres chiquillos
majaderísimos, montaraces, llenos de traumas y que preguntaban continuamente:
¿dónde fue mi mamá?
Mi viejo era un tipo raro, duro pero sentimental, un médico
adorado por sus pacientes, enamorado desde joven del comunismo, al que para
bien o para mal, la revolución de Fidel Castro vino a devolverle el sentido
de su vida. Sus colegas y amigos escapaban en masa, su familia se caía
a pedazos, y sus hijos coleccionábamos trastazos en la cabeza y rasguños
en las rodillas y el alma, pero él seguía fiel a la revolución
y a sus enfermos. Y en los ratos libres, con tragos o sin ellos, escuchaba al
Benny y a Nat King Cole. Sólo que nunca
me atreví a preguntarle, con el genio que se gastaba, por qué
era nociva y mala la música americana que escuchábamos nosotros
y no la del ‘King' negro y yanqui de la voz aterciopelada.
Creo que demoré años en saberlo...pero todavía no estoy
muy seguro.
luicino2012@gmail.com
Primavera
Digital
Foto: Luís Cino
Carátula de disco
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