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Creerse libre
Luis Cino Álvarez
7 de Agosto de 2012
La Habana,
Cuba – www.PayoLibre.com –
Hace unos siete años, en una entrevista con el periódico mexicano
La Jornada, el cantautor Amaury Pérez me sorprendió con un razonamiento
que hubiese hecho palidecer de envidia al mismísimo Baruch Spinoza, el
de aquello de que la libertad solo se puede alcanzar en el terreno de las esencias,
en lo universal e inmanente.
El inefable Amaury Pérez simplificó la cosa, cuando dijo, tan
fresco como una lechuga de huerto hidropónico (de las FAR): "Uno,
para ser libre, lo primero que tiene que hacer es creérselo. No importa
donde se esté. La libertad se la lleva uno consigo".
Un artículo, en este mismo número de PD, Sobre la libertad (I),
del escritor y artista de la plástica Eduardo Cordoví, me ha hecho
recordar aquella memorable incursión en el terreno filosófico
del autor de "Acuérdate de abril".
En verdad, no soy especialmente dado a filosofar ni me atraen demasiado las
abstracciones. Tal vez por ese exceso de "gotas de sangre jacobina"
que tanto molesta a algunos, suelo ponerme apasionado cuando de la libertad
se trata. Por eso, me resisto a aceptar que para ser libre, basta con creérselo.
O peor aún, que nunca hemos dejado de ser libres, porque siempre hemos
dispuesto -a pesar de los riesgos y los castigos- de la posibilidad de elegir,
que es lo que plantea Cordoví que nadie nos puede quitar.
Así, ¡ay, Espartaco!, la eterna epopeya humana por la libertad
sería un estúpido derroche de mares de sangre. Estaba errado Paul
Elouard. También Miguel Hernández. No era necesaria tanta carne
talada ni entrar "en los algodones como en las azucenas". Si la libertad,
va con uno, como la llave de la casa, y uno la saca o se la guarda en el bolsillo,
según lo que elija...
Ojala nunca logren convencerme de que son vanos los afanes tras la libertad,
esa ilusión. Que no nos quiten la posibilidad de luchar y de morir por
ella; total, si la sangre es nuestra. Luego que el Creador nos la da, podemos
hacer con ella lo que nos venga en gana. Por aquello del libre albedrío,
quiero decir. Y eso sí es elegir...
Aunque a estas alturas del despelote mundial, uno ha aprendido a no confiar
demasiado en las elecciones -mire las del Poder Popular-, ni siquiera en las
elecciones de las democracias que lleven apellidos, como popular, burguesa,
representativa, participativa, etc. Supongo que con Dios, si no están
de por medio los hombres, no haya fraude posible.
Digan lo que digan, me cuesta mucho envidiar la libertad de los esclavos en
el cepo, aunque hayan sido ellos los que decidieron aceptar el castigo. Me prefiero
cimarrón. Libre en el monte. Y a veces no es suficiente. Sé que
hay cadenas que se llevan en el alma. Son las que más pesan, pero generalmente
se rompen. O uno se pasa la vida en el intento de romperlas, que es casi tan
reconfortante como vivir en libertad. El mérito es no resignarse a llevar
cadenas. Lo realmente malo es arrastrar grilletes y creerse libres. O simularlo,
para buscarse coartadas y no reconocer que se siente miedo.
Se supone que un disidente bajo una dictadura sabe bastante al respecto. Pero
no necesariamente siempre es así. Está demostrado que nos equivocamos.
Y bastante. Cordoví debe tener algo de razón. Conozco hombres
y mujeres que dicen haberse sentido libres mientras estaban encerrados en celdas
de castigo. Supongo que también se refiera Cordoví a esos casos
cuando habla de la libertad.
Es bueno que en medio del apasionamiento y de tanto discurso de barricada,
alguien, sin pretender bailar en casa del trompo, y mucho menos mencionar la
soga en casa del ahorcado, nos advierta de los riesgos de la pataleta. De cualquier
modo, sin ánimo de polemizar a priori, esperemos las nuevas argumentaciones
que Cordoví nos anuncia en Sobre la libertad (II).
luicino2012@gmail.com
http://www.primaveradigital.org/primavera/section-blog/154-agaleria/4829-creerse-libre.html
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